
Histórias de belleza auténtica
contadas por personas irrepetibles
Rostros que cuentan su propia historia


Laura Benavent Ríos
“Reservé porque trabajo cara al público y la piel no me aguantaba la jornada. Venía cansada de probar “rutinas virales”. Aquí me pidieron que llevara lo que uso, lo miraron ingrediente por ingrediente y me propusieron un plan que cabe en mi día.
En cabina disfruté de una experiencia diferente donde pude sentir la relajación después de mucho tiempo (soy de las que viven corriendo).
Salí sin picores y, por primera vez, pude dejar de sentir la cara tirante.
Lo más útil para mí fue que me enseñaron qué hacer cuando algo me irrita y cómo leer etiquetas para no repetir errores. Ahora tengo menos brillos, las rojeces no aparecen cada tarde y siento que llevo el control, no al revés.


Sergio Navarro Beltrán
“Fui por brillos constantes en la frente y granitos en la barba por el afeitado. Siempre he usado “todo en uno” y perfumes fuertes, y la piel se me ponía roja. En Schiavone me preguntaron qué hacía a diario y revisaron los ingredientes de lo que usaba. Me señalaron dos cambios fáciles que marcaron una diferencia notable en el cuidado diario.
La experiencia con el ritual me ayudó a relajar la cara y salí sin esa tirantez típica después de un tratamiento. Me dieron un plan de limpieza, hidratación y protección solar.
Sin ventas agresivas; noté que me comprendieron a la perfección.
A los diez días los brillos bajaron y los granitos de la barba casi no salen. Cuando tuve una duda, les escribí y me contestaron ayudándome sin ningún tipo de problema. Volveré a los siguientes rituales porque por fin noto la piel controlada y salgo profundamente renovado.
"


María Carmona
“Nunca pensé que encontraría el tiempo y el espacio fijo en mi vida para disfrutar de algo como esto. Siempre fui práctica, con lo justo para salir del paso, y la idea de una rutina de cuidados me parecía lejana. Sin embargo, mi primera experiencia en Schiavone me sorprendió. Fui buscando mejorar la piel del rostro y salí con una sensación que iba mucho más allá de lo visible.
En los rituales faciales descubrí un cuidado distinto, más profundo. La limpieza minuciosa, las texturas que van cambiando sobre la piel, el masaje que acompaña cada paso… todo estaba pensado para que el tratamiento no solo actuara en el rostro, sino también en cómo me sentía. Esa dedicación marcó la diferencia y me hizo comprender que no era un simple procedimiento, sino una experiencia completa.
Ese ratito se convirtió en un momento para mí. Hay algo difícil de explicar, quizás el sonido del cuenco, la suavidad de cada gesto o incluso los aromas que envuelven; que logra detener el ruido de fuera y hacer que mi mente se aquiete. Al mirarme después en el espejo, sí, noto la belleza visible, una piel más fresca y equilibrada. Pero lo más valioso es descubrirme distinta: más ligera, más presente.
Lo que empezó como una prueba aislada se ha transformado en un ritual mensual. Ahora encuentro en estos cuidados no solo un beneficio estético, sino un recordatorio de que la auténtica belleza surge también de escucharse, de parar y de regalarse paz. Porque todas merecemos darnos ese tiempo, descubrir esa serenidad y dejar que la belleza auténtica se refleje en nosotras."


Clara Soler Martinez
“Vine con la piel apagada y sensible. Siempre acababa probando cosas nuevas y nada me funcionaba. Aquí me miraron la piel con calma y me explicaron todo claro, sin tecnicismos.
Durante el tratamiento hubo un momento especial en cabina que no quiero destripar. Solo diré que me ayudó a sentirme bien y a notar la piel más cómoda al instante. Salí con la cara menos tirante y la mente más tranquila.
Trataron manchas sin prometer milagros ni empujar compras. A las dos semanas la rojez bajó y la piel dejó de reaccionar a todo.
Lo que más valoro es que no me juzgaron por cómo venía ni por lo que hacía antes. Por fin siento que tengo mi piel controlada y sé a dónde volver cuando necesite ajustar algo."


Brenda Duarte
“Paz interior, calma en mis pensamientos y serenidad, fueron las sensaciones con las que salí del ritual facial. Superó todas mis expectativas, es una viaje con muchas paradas, como la relajación con las vibraciones de los cuencos, la diversidad de masajes, la calidez de la meditación en la que adentras. Una experiencia absolutamente recomendada, la limpieza facial es inmejorable y la sensación de belleza y calma que te llevas son súper satisfactorias. Sin duda, un imprescindible en el cuidado de mi piel y mi mente."


Verónica Schvartzman
“La experiencia del ritual fue muy satisfactoria. No tenía idea en que consistía y si iba a conseguir relajarme. Los masajes faciales y la delicadeza con la que te tratan te hacen sentir cómoda. El toque final de baño de cuencos fue espectacular. Un viaje de varios sentidos cuidado hasta el mínimo detalle y recordándonos la importancia del quererse y cuidarse. Se nota que se actualizan y quieren estar al tanto de las novedades no solo de la estética sino del bienestar. Desde que entras ya se respira calma en sus tonos de voz, sonrisas y trato cercano. Yo soy nerviosa y suelo tensar la mandíbula sin darme cuenta, pues el ritual guiado me ayudó a relajar toda esa zona con delicadeza y sin dolor. Sin duda recomendaría su trabajo y repetiré en cuanto pueda."


Verónica Schvartzman
“La experiencia del ritual fue muy satisfactoria. No tenía idea en que consistía y si iba a conseguir relajarme. Los masajes faciales y la delicadeza con la que te tratan te hacen sentir cómoda. El toque final de baño de cuencos fue espectacular. Un viaje de varios sentidos cuidado hasta el mínimo detalle y recordándonos la importancia del quererse y cuidarse. Se nota que se actualizan y quieren estar al tanto de las novedades no solo de la estética sino del bienestar. Desde que entras ya se respira calma en sus tonos de voz, sonrisas y trato cercano. Yo soy nerviosa y suelo tensar la mandíbula sin darme cuenta, pues el ritual guiado me ayudó a relajar toda esa zona con delicadeza y sin dolor. Sin duda recomendaría su trabajo y repetiré en cuanto pueda."